Su obra sigue en pie
No compramos para revender. El plan es quedarnos con la compañía, mantener su nombre y hacerla crecer donde usted la dejó.
Sabemos lo que hay detrás de una empresa familiar: años de trabajo, clientes que confían en usted y un equipo que espera que esto se haga bien. Por eso escuchamos antes de proponer, vamos sin prisa y tratamos cada conversación con absoluta confidencialidad.
No compramos para revender. El plan es quedarnos con la compañía, mantener su nombre y hacerla crecer donde usted la dejó.
Compramos negocios que funcionan, con las personas que los hacen funcionar. Profesionalizamos procesos; no desmontamos plantillas.
Conversación confidencial y sin plazos impuestos, con usted y, si lo prefiere, con su asesor de confianza. Cada paso se acuerda antes de darlo.
Cien días trabajando dentro del negocio a su lado y tres años de acompañamiento para transferir clientes, proveedores y oficio con calma.
Somos selectivos, y preferimos decírselo desde el principio: es nuestra manera de respetar su tiempo. Estos son los seis rasgos que buscamos en una compañía.
Margen de EBITDA por encima del 15%, mantenido a lo largo de varios ejercicios, también los difíciles. Nos importa más la trayectoria que un año excepcional.
Compañías sin deuda financiera. La financiación de la compra la aportamos nosotros: su balance llega limpio, y así se valora.
Negocios donde el beneficio no se lo lleva la reinversión constante, y la caja que se genera queda de verdad disponible para la compañía.
Circulante estable y cobros razonables. Es lo que permite financiar la operación con prudencia, sin forzar el negocio.
Actividades estables, que se explican en una tarde. Esa sencillez, que otros llaman aburrida, para nosotros es una virtud: es lo que hace un negocio duradero.
Compañías que se venden porque no hay a quién dejárselas, no porque vayan mal. Entender sus motivos es siempre nuestra primera conversación.
Compañías familiares españolas con 0,5 a 3 M€ de EBITDA normalizado, balance limpio y una propiedad que se plantea el relevo.
Una reestructuración pide un especialista, y nosotros no lo somos. Nuestro oficio es dar continuidad a negocios que funcionan.
Sin varios años de cuentas no podemos hacer una valoración rigurosa ni ofrecer un precio justo. Esa etapa la acompañan mejor otros inversores.
Si una parte del negocio puede cambiar mucho en pocos años, no podemos comprometer un precio que sea justo para las dos partes.
Su caja depende del momento del ciclo, y preferimos no prometer resultados que no dependen de la gestión.
Preferimos que sepa desde la primera conversación cómo se forma el precio y cómo se cobra. Sin sorpresas cuando lleguemos a la mesa.
Partimos del EBITDA normalizado: el beneficio operativo de sus últimos ejercicios, ajustado para reflejar lo que el negocio gana de verdad, sin extraordinarios ni gastos que desaparecerán con la venta. Sobre esa base aplicamos un múltiplo de cuatro veces, y el precio se acuerda con usted en la prenegociación, antes de que ninguna de las dos partes asuma gastos importantes.
La mayor parte del precio se cobra el día de la firma. En torno a un 25% queda aplazado unos tres años, vinculado a su permanencia y a las garantías habituales sobre la situación de la compañía antes de la venta. Es la práctica estándar en este tipo de operaciones, y queda pactado por escrito desde la LOI, la carta de intenciones.
Sin prisa y con claridad. El precio y la estructura se acuerdan antes de que ninguna de las dos partes asuma gastos importantes, para que nadie avance sin saber adónde va.
Se queda tres años, y esa permanencia se pacta antes de cerrar, no después. Es lo que permite transferir con calma sus clientes, sus proveedores y su oficio a quien viene detrás.
Consejo constituido, régimen de firmas, cierre contable de apertura y control de caja semanal. Conversaciones individuales con cada persona del equipo directivo.
Trabajamos dentro de la compañía, a su lado: clientes, proveedores, procesos y personas. Se ejecuta el plan que escribimos juntos durante la Due Diligence.
No traemos un director general de fuera por defecto. Identificamos talento dentro de la compañía para promocionarlo, o incorporamos una segunda línea sólida que tome el mando al terminar los tres años del precio aplazado. Y si la gestión que ya estaba, la familia o su equipo directivo, quiere y puede seguir, esa opción es igual de válida.
Crecimiento orgánico con la compañía ya profesionalizada. Si aparece una compra complementaria en el mismo sector se estudia, pero el plan no depende de ella.
Un plan escrito. Tres a cinco palancas concretas, redactadas durante la Due Diligence y acordadas con usted. Un plan escrito protege a las dos partes: todos saben qué se va a hacer y por qué.
Un consejo y unos números. Información mensual de gestión, control de caja y presupuesto. Las funciones centrales dejan de descansar sobre una sola persona y pasan a apoyarse en un proceso.
Modernización con criterio. Sistemas, digitalización y datos sobre los que decidir. Se moderniza lo que estorba al negocio y se respeta lo que ya funciona, que suele ser mucho.
No compramos para revender. El plan es quedarnos con la compañía y cuidarla.
Cuéntenos su situación y le diremos con franqueza si somos el comprador adecuado. Y si no lo somos, intentaremos orientarle hacia quien sí pueda serlo.
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